Las cosas no siempre suceden por arte de magia. A veces, muchas más de las deseadas, se deben a las malas artes. David Copperfield, uno de los grandes artistas del ilusionismo, al que se llegó a bautizar como el mejor mago del mundo, se ha visto acusado de estar metido en uno de los peores trucos.

Hasta 16 mujeres, varias menores, denunciaron su conducta sexual abusiva y su comportamiento inapropiado a lo largo de décadas.

El propio acusado y sus abogados niegan cualquier veracidad de esas denuncias. Las califican de mentiras.

La New York Historical Society dedicó a Copperfield una exposición en el 2018 sobre los objetos mágicos relacionados con la Gran Manzana que el ilusionista atesora.

El mismo propietario se encargó de ilustrar la visita durante la presentación a la prensa. Ahí había un rincón dedicado al inolvidable Houdini, cuya historia influyó decisivamente en su orientación profesional.

“A Houdini no le gustaban los magos, todos trataban de timarle,…, conozco esa sensación”, aseguró entonces.

Pasados estos años en que emergió el movimiento #MeToo con el que las mujeres decidieron no callar más los abusos que sufrían,

y la irrupción del pederasta multimillonario Jeffrey Epstein, que se suicidó en una cárcel del bajo Manhattan y en cuyos papeles figura el nombre del mago, Copperfield se considera víctima más que victimista.

Es esa sensación que, según él, experimentaba el mítico Houdini, capaz de escapar de tanques de agua pese a estar maniatado.

Copperfield, sin embargo, no logra evadirse de la sombra que le atenaza desde hace un tiempo.

Según una investigación de The Guardian, más de la mitad de las acusaciones contra él proceden de menores de 18 años. Algunas de ellas no tenían ni 15 años, si bien él podría no saber su verdadera edad.

Estas denuncias incluyen la circunstancia agravante de que presuntamente drogó a tres de las mujeres antes de mantener relaciones sexuales, por lo que ellas fueron incapaces de consentir esos actos.

Las reclamaciones contra Copperfield, de 67 años, van desde finales de la década de los ochenta del pasado siglo hasta el 2014, siempre a partir de esta indagación en la que entrevistaron a más de un centenar de personas y revisaron la documentación policial y judicial sobre estos casos.

Las denunciantes de la conducta del mago coincidieron con él por motivos laborales, cuando él ya era uno de los más exitosos ilusionistas con reconocimiento internacional.

Algunas de ellas explicaron al citado diario que solo después de la irrupción del #MeToo tomaron conciencia y se sintieron capaces de hablar sobre sus malas experiencias con Copperfield, quien insistió en negar cualquier mal trato tanto dentro como fuera del escenario.

Sus abogados declararon que “nunca actuó de forma inapropiada con nadie, todavía menos con menores de edad”. Insistieron que su patrocinado se caracterizó en todo momento por “su bondad, timidez y trato respetuoso tanto con los hombres como con las mujeres”.

Recordaron que Copperfield es un defensor del #MeToo, y que otras acusaciones contra él ya fueron descartadas al quedar más que evidente que eran falsas.

Hay mujeres, sin embargo, que siguen hablando sobre la experiencia de ser drogadas y luego descubrir los abusos. No se callan ni por arte de magia.

Imagen principal vía Wikimedia Commom

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